Durante años, Isostar había sido prácticamente sinónimo de bebida isotónica. Pero el crecimiento de la categoría provocó la aparición de numerosas marcas competidoras que ofrecían productos similares.
La campaña responde a esa nueva situación sin entrar a comparar ingredientes, prestaciones ni precios. En lugar de defender el producto, defiende su condición de original.
Para hacerlo recurrimos a un código universal: Elvis Presley y la enorme cantidad de imitadores que surgieron alrededor de su figura. Pueden vestirse como él, moverse como él e intentar parecerse a él, pero solo hay un Elvis.
La misma lógica se traslada a la marca: pueden aparecer muchas bebidas isotónicas, pero el original sigue siendo Isostar.
«Cuando eres bueno te salen muchos imitadores. Pero solo son eso. Isostar es auténtico.»