Este es uno de los proyectos en los que la creatividad intervino mucho antes de que existiera una campaña.
Participé en la propia concepción del producto y construí su identidad desde el inicio: el nombre de la empresa, R3Think; el nombre del producto, The Yellow Recycling Machine; el logotipo, el universo gráfico y posteriormente todas sus piezas de comunicación.
La marca parte de una referencia deliberada a Yellow Submarine y al universo visual de los Beatles. No como un simple recurso estético, sino como punto de partida para imaginar un mundo más amable, optimista y mejor. Un territorio especialmente adecuado para un proyecto que pretendía transformar el reciclaje en una experiencia positiva, sencilla y divertida.
A partir de ahí se creó todo un lenguaje propio: personajes, ilustraciones, colores, máquina, comunicación, merchandising y materiales corporativos. Una identidad capaz de convertir algo tan funcional como depositar una botella o una lata en una experiencia de marca.
El proyecto demuestra algo que siempre he defendido: la creatividad funciona mejor cuando no llega al final para anunciar un producto, sino cuando participa desde el principio en su construcción.